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Desarrollo regional

Una nación grande requiere de un desarrollo armónico de las distintas regiones del país: por razones de equidad, de unión nacional y de equilibrio económico y socio-demográfico. Además de la estabilidad macroeconómica, de un tipo de cambio competitivo y del desarrollo de la infraestructura, el Estado puede y debe tener políticas activas. A diferencia de las políticas del pasado, como la promoción industrial, las medidas deben ser automáticas y generales, y no selectivas y arbitrarias (privilegiando un sector en desmedro de otro o nuevos proyectos que descolocan a la actividad ya instalada). Una alternativa, que ataca también el éxodo de la periferia al centro y sus consecuencias en términos de empeoramiento de la calidad de vida y aumento de la inseguridad, es promocionar la contratación de mano de obra reduciendo los impuestos al trabajo en las regiones más desfavorecidas.

Debe rediscutirse también el federalismo fiscal, apuntando a un sistema que garantice que todos los argentinos tengan acceso a un conjunto de bienes públicos de calidad, sin importar la provincia en que nacieron. Para ello, es necesario modernizar y flexibilizar el sistema actual de coparticipación permitiendo que las provincias recuperen potestades fiscales y que los recursos se distribuyan de acuerdo a necesidades objetivas.

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